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          Carta de Jesús Blázquez García sobre "Tiempo de cerezas".
          Sant Cugat del Vallés, 14 de Noviembre de 2008.


          “Así debe ser la tierra y así su gente, agradecida, y así las manecillas del reloj advierten que ya es tiempo de cerezas".

         Así terminas tu “Tiempo de cerezas” que ahora mismo he acabado de releer. He pensado que el mejor homenaje que puedo hacerte es reproducir esta última frase de tu libro que es el colofón a otras muchas que fueron engarzándose, como las cerezas de un cesto, gracias a tu creatividad y a un derroche considerable de paciencia y buen hacer.

         Todavía estoy bajo los agradables efectos del inesperado y magistral final, pero voy a intentar serenarme un poco para contarte lo que me ha parecido tu libro.

         Trataré de explicarme desde el mundo de las sensaciones, mis sensaciones, aquellas que van surgiendo cuando se va destilando el sentir de cada personaje a través del alambique de la historia contada.

          En el PROEMIO “La resurrección de los muertos”. En el EPÍLOGO “Tiempo de cerezas” y entre estos dos pilares una historia que va aflorando los sentimientos de unos personajes producto de una época donde les robaron todo menos la dignidad.

          No sé hasta que punto puedo ser objetivo en mis apreciaciones, aunque lo mejor será ni tan solo intentarlo, pues como acabo de manifestar prefiero dejarme llevar por las sensaciones; por otra parte me he visto identificado desde el principio con unos personajes que tienen mucho que ver con mi pasado y el de mi familia.

          Pedro y María representan a una generación vilipendiada, maltratada y olvidada que sobrevive gracias al continuo recuerdo de sus raíces, mejor dicho, de sus cerezos en flor y sus rojas cerezas. En su corazón, siempre es tiempo de cerezas. He de confesarte que al principio me extrañó que hablasen durante tanto tiempo su dialecto, pero pronto me di cuanta de que era una de las cosas irrenunciables de unos personajes que debían sobrevivir a pesar de tantos contratiempos—dices que de no haber sido por un libro que heredaste de tu suegra no hubieses conocido a Gabriel y Galán, pues para mí ha sido un reencuentro muy agradable, ya que en la enciclopedia Álvarez de segundo grado, que todavía conservo, aparecía El embargo con unos dibujitos muy ingenuos. Recuerdo que algunas palabras no las entendíamos y Don Benjamín nos explicaba su significado.

 
     
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